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Los últimos acontecimientos vividos en los despachos del Real Zaragoza han puesto a la afición blanquilla en pie de guerra. Sin embargo, el conjunto aragonés necesita, más que nunca, el apoyo de la hinchada maña para alcanzar el objetivo de la permanencia. [Leer más]
La mala trayectoria del equipo, la dimisión del Consejo de Administración diez días después de ser presentado o fichajes que no han cuajado en La Romareda. Son algunas de las decisiones que han terminado con la paciencia del zaragocismo destrozando la ilusión de una hinchada que se ha visto obligada a manifestarse contra la gestión de Agapito.
La situación es crítica, tanto deportiva como institucionalmente. Los futbolistas blanquillos tienen la necesidad de sentir el aliento de unos seguidores que buscan evidenciar su descontento con el máximo accionista de la entidad. Este panorama, ha provocado una relación de grandes altibajos entre la grada zaragozana y el bloque de Manolo Jiménez.
A lo largo del presente curso, los seguidores maños han experimentado varios capítulos donde han evidenciado su apoyo incondicional a unos jugadores que siente el aliento de la grada. Uno de ellos, tuvo lugar en la Ciudad Deportiva de Cuarte en un entrenamiento del cuadro aragonés.
Entre 40 y 50 miembros del Ligallo lucieron una espectacular pancarta que decía: “79 años de historia en vuestras manos, el Real Zaragoza no puede morir. Tenéis nuestro apoyo, queremos vuestra entrega. Para Agapito desprecio y hostilidad, hacia vosotros aliento y fidelidad”. Fue el lema que rompía la incertidumbre de saber si la afición estaba realmente con el equipo.
Pero las continuas desilusiones sobre el césped unidas a los fiascos en las oficinas blanquillas donde el Consejo de Administración, con Salvador Arenere a la cabeza, dimitía diez días después de su nombramiento, parecían distanciar a una maltrecha y agotada hinchada.
Fue entonces cuando tuvo lugar uno de los acontecimientos de unidad zaragocista más espectaculares que se recuerdan. Después de un intento fallido de reunión a través de las redes sociales, una convocatoria promovida por la Plataforma “Salvemos al Real Zaragoza” comenzó a sonar con fuerza entre los fieles seguidores del conjunto aragonés. Se trataba de una oportunidad única para volcarse con los suyos y, sobre todo, contra Agapito Iglesias.
Al grito de “Zaragoza sí, Agapito no” entonaron cerca de 10.000 almas en los aledaños de La Romareda. Todos quisieron dejar claro que la intención del acto era “apoyar a nuestro equipo porque los jugadores son los que tienen que defender el escudo del león”. En momentos de flaqueza y con el bloque maño agonizando en la última posición de la tabla, la dificultosa relación entre grada y futbolistas se ha difuminado.
Ante la dramática situación, la fe en los colores persiste. Tal y como declaraba uno de los seguidores presentes en la manifestación “los futbolistas son los que no van a salvar la categoría y los únicos que pueden llevar al Zaragoza a que dentro de unos años podamos volver a ser los de antes”. Un crédito apenas merecido del que goza el vestuario blanquillo.
Incluso ex jugadores de la entidad como Andoni Cedrún o César Lainez formaron junto al resto de entusiastas durante la manifestación del pasado día 14 de enero. Nadie quiso perderse un evento histórico en los 80 años de vida del club aragonés. Histórico porque todo el zaragocismo se volcó a la calle para luchar de forma unánime por salvar unos colores con un porvenir poco alentador.
Pero si algo ha caracterizado al Real Zaragoza desde su nacimiento ha sido el apoyo incondicional de una afición entregada a los blanquillos. Un claro ejemplo de ello, la salvación en Valencia la campaña pasada. La escuadra dirigida entonces por Javier Aguirre viajaba a Levante con la imperiosa necesidad de vencer en la última jornada para evitar el descenso.
Fue entonces cuando el Ciutat de Valencia se transformo en una mini Romareda que no se cansó de alentar a los aragoneses hasta que el colegiado señaló el final del encuentro. Un doblete de Gabi confirmaba la presencia, una temporada más, del bloque zaragozano en la Primera División.
La ciudad celebró la permanencia demostrando el tremendo compromiso que siempre ha manifestado el zaragocismo en tiempos flacos. Y los futbolistas maños conocen su importancia. A pesar de los malos resultados que levantaban una barrera para distanciar a la plantilla de la grada, hombres importantes dentro del vestuario como Luis García, Postiga o Lanzaro han agradecido el sostén de los seguidores.
“Nosotros nos vamos a dejar el alma como nos piden y como es nuestro deber”. Palabras que salían de la boca de un Luis García que, con apenas un año en el club, ha descubierto la importante relación entre jugadores e hinchada. Relación con altibajos que toma, ahora más que nunca, un papel vital en la lucha por la salvación.
Uno de los reclamos de la afición maña más sonados este curso fue la salida de Juárez del once titular. Aunque, finalmente, el mexicano se quedó sin ficha con la llegada de Manolo Jiménez, el público blanquillo abrió una guerra que dividió, en cierto modo, a futbolistas y grada.
Varios jugadores de la primera plantilla defendieron al lateral derecho. Da Silva reconocía ante los medios que “aunque es entendible que la afición exija, personalmente, no me gusta que se tome con un compañero”. Así, el paraguayo sacaba la cara por Efraín Juárez abrigando un vestuario atacado.
Pero ha sido el propio Manolo Jiménez el creador de ese pequeño hilo de esperanza que ha vuelto a unir a La Romareda con los únicos que pueden sacar a flote la crítica situación deportiva. Un lazo tan fuerte y necesario que, con casi una vuelta por delante, se antoja más decisivo que nunca. Fuente:www.diarioaragones.com
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